UN PEQUEÑO Y SAGRADO ESPACIO.

Encontrar un espacio tranquilo en casa es importante, aunque no imprescindible. Debe ser un lugar tranquilo, tuyo y para ti. Si enseñaras tu casa a un amigo presentarías así este lugar: “ …Y este es el sitio de meditar”. Puedes tener allí dispuesto tu zafú, cojín o banquito donde sentarte. Acomodar la luz, el ambiente o el aroma de este espacio. Dispón  el espacio para que sea propio y lo más acorde a tu personalidad posible. Te tiene que encantar estar en este lugar. Hazlo tuyo.

Si tienes el espacio dispuesto, cuando llegue el momento del día que has decidido dedicar a tu meditación solo tendrás que dirigirte al este lugar, sentarte y sin más comenzar tu práctica.

¿Sabías que…? Ser feliz no depende de hacer ciertas cosas o tener ciertas cosas. Para ser feliz no tienes que hacer nada afuera porque la felicidad está adentro.  La felicidad viene de la conciencia de unidad y en nuestras clases de meditación enseñamos esta conciencia de unidad para que aprendas y puedas integrarla en tu día a día. Lo único que nos impide vivir esa conciencia de unidad es el ego.La felicidad es como el cielo que siempre está ahí y el ego como las nubes que vienen a evitar que veas el cielo tal y como es.

Por eso es tan importante aprender a distinguir  lo que es la verdadera felicidad de la falsa felicidad o pequeños momentos de euforia.

Si quieres aprender a meditar con nosotros y ampliar esta conciencia de unidad puedes unirte en cualquier momento a nuestras clases de los viernes por la tarde, en la pestaña de «horarios» tienes más información.

BUSCAR EL MOMENTO.

Cada uno tenemos nuestra vida y horarios más o menos establecidos. Para incorporar un nuevo hábito lo que tienes que hacer es introducir en tu horario un tiempo para dedicarlo a la meditación.  Poco a poco y si a la meditación le vas cogiendo gusto, ya verás como todo se irá acomodando. Meditarás, harás todo lo demás e incluso te sobrará tiempo.  El gusto por la meditación supone que  fácilmente vas dejando otras cosas, que posiblemente no tienen tanta importancia, para estar más rato meditando. Pero al principio ese gusto por la meditación no lo tienes. De momento,  desde donde te sientas a meditar es desde  la necesidad de cubrir el anhelo o de la curiosidad  que tienes por la meditación. El  gusto o lo placentero de la meditación no está a no ser que seas un alma vieja y de repente conectes increíble y rápidamente con esta sensación gustosa y placentera.

Por norma general, al principio lo que vas buscando es eso que sientes que te falta y buscas a ver si en la meditación, encuentras algo, un estar mejor. El hábito de la meditación se tiene que ir metiendo en tu vida, así que de momento, vas a buscar un rato de tranquilidad en el que puedas hacer esta práctica, pero que no sea una obligación “Ahora tengo que hacer esto, ahora lo otro  y ahora encima también tengo que  meditar…” Así no. Es mejor que lo tomes primeramente como un descanso, un tiempo para ti, un paréntesis en tus quehaceres diarios para desconectar de todo eso y pararte a sentirte. Es un paréntesis, no una obligación más. Decides darte este tiempo, buscas el momento que mejor te puede encajar en tu vida cotidiana y lo metes ahí. No tiene que ser una hora completa. En un principio con 15 ó 20 minutos es suficiente.

La hora más adecuada para la práctica de la meditación es por la mañana. El cuerpo está descansado, la mente despejada  y es probable que… ¡todavía no ha ocurrido nada a lo que dar vueltas!. Es el momento idóneo. Es cierto que hay circunstancias de primera o primerísima hora; un trabajo en el que tienes que madrugar bastante, los niños van al cole temprano…quizá cuando vuelvas de dejarlos en el cole puedas tener este momento para ti. O en el trabajo, terminas de comer y tienes un rato, pues aprovecha ese momento e inicia entonces tu práctica. Estamos seguras de que si quieres… puedes colocar un momento para la meditación  dentro de tu pauta diaria y en pocos días cuando empieces a sentir lo bien que te encuentras, lo primero será meditar y después… hacer todo lo demás. Si conectas con esta maravillosa práctica, la meditación se elevará por si sola a los primeros puestos o el primero en tu lista de prioridades diarias.

Te recomendamos que te propongas un horario fijo. No sirve los lunes a una hora, los martes a otra…establecer un horario es importante. Por supuesto con  flexibilidad;  es decir,  puedes meditar los lunes a las ocho y los martes a las diez, pero mantén siempre la misma pauta, todos los lunes a las ocho y todos los martes a las diez. Es una rutina, un horario. Puedes acomodarlo a tu vida con flexibilidad y firmeza, igual que la postura o asana.  

Si eres una persona muy  activa, lo mejor es meditar por la mañana.Por la noche llegarás agotado a casa y te tentará más tumbarte en el sofá y ver la tele que ponerte a meditar, corres el riesgo además de quedarte dormido en cuanto respires dos minutos y relajes un poco tu cuerpo. Más que conectar contigo es probable que te desconectes del todo.  Si decides hacer tu práctica por la mañana podrás ir a tus tareas de la jornada en un estado de más calma y te ayudará seguro a desarrollar de mejor forma todas tus actividades del día.  

Por la mañana nada más levantarte es una hora excelente para meditar porque el cuerpo está descansado y la mente no se ha llenado todavía de los trasiegos del día.

El horario depende de ti pero intenta que se acomode a tu forma de ser para mantenerte con constancia en la práctica, insistimos que esto último es lo que da frutos.

Lo importante es la meditación. Puedes hacer tu práctica en pijama si quieres nada más que  te levantes de la cama.

¿Y CUÁNTO TIEMPO?

La práctica de la meditación es tan placentera que acabaras organizando tu vida para tener al menos una hora al día para dedicarla a esto. No te agobies, al principio es normal que pienses que es una barbaridad  estar una hora meditando. Para empezar bien y sin obligaciones puedes establecer diez o quince minutos. No hace falta mucho más.  Te recomendamos que te pongas una alarma para avisarte de cuando ha pasado el tiempo. De esta manera no tienes que estar pendiente de si habrá pasado un minuto o veinte. La idea de poner una alarma te servirá más que para que no te pases de tiempo, para que aguantes hasta el final y no tengas tentación de levantarte a los cuatro minutos. Saber que te va a avisar  la alarma  hace que tengas una preocupación menos y no ronden por tu cabeza pensamientos del tipo…“ a ver si me voy a despistar y me duermo y no llego a …” Si marcas el tiempo de antemano, ya puedes olvidarte de él.

 Veras que en algunas ocasiones los quince minutos se harán muy, muy largos y otras veces pasarán casi sin enterarte. Es interesante observarte y descubrirte en este fenómeno.

Al principio la sensación de tener el tiempo controlado, es decir fuera de tu control pero controlado, te ayudará a mantener tu práctica.

Lo ideal es ir disfrutando del viaje. Si vas con la idea de que tienes que notar algo y lo tienes que notar ya, pues no vas muy bien.

No esperes resultados inmediatos aunque sin duda los hay.

DISPONER EL ESPACIO.

Aconsejamos que no te pongas muchos impedimentos para sentarte a meditar.

Hay personas que si tienen el cojín y la manta recogidos, les cuesta ponerse a meditar por que les da pereza, sin embargo otras personas no van a soportar el desorden de ver el lugar de meditar así y prefieren establecer un ritual para sentarse, sacar la manta y el cojín del armario…poner unas velitas, un poco de incienso…

Si quieres más consejos como estos te recomiendo que descargues el libro «Guía fácil para meditar en casa en ocho pasos» que puedes conseguir en este enlace «libro Guía fácil para meditar en casa»